LA FLOR QUE FUE BENDECIDA
Hubo una vez una mujer llamada Bernadette
que deseaba tener una hija, aunque no quería tener una hija del tamaño de las
demás, si no que la quería del tamaño de un pulgar. Durante mucho tiempo busco
a brujas que pudieran cumplir su pedido, sin embargo, todas le decían que era
imposible o simplemente cobraban mucho dinero.
Estaba a punto de resignarse hasta que
un día que ella daba su paseo habitual comenzó a llover lo que la obligo a
meterse dentro de una cueva que se encontraba cerca, en ella se resguardo de la
fría lluvia que tenía aspecto de querer parar pronto.
Decidió caminar hacia el fondo de la
cueva en busca de calor, pero lo que encontró fue a una mujer de aspecto divino
con la piel tan blanca como la porcelana flotando frente a ella. Aquella mujer
la miraba desde arriba con una mirada penetrante, como si con una sola mirada
pudiera saber sus deseos y anhelos.
Antes de que Bernadette pudiera
pronunciar palabra, aquella mujer hablo con una voz grave, pero a la vez
delicada:
- Mi nombre no es de relevancia, pero he
escuchado que buscas tener una hija pequeña. Es por eso qué estoy aquí. Lo
único que necesitas hacer el plantar esta semilla y volver aquí cada tres días
para poder regarla con agua bendita.
Entonces aquella mujer le extendió la
mano, en ella se encontraba una semilla. Bernadette con un poco de recelo tomo
la semilla y la acerco a su rostro, no parecía mas que una semilla común y
corriente, pero al pensar en la posibilidad de tener una hija la convenció de aceptarla.
Cuando alzo la vista la mujer ya había
desaparecido, y solo quedaba la semilla como prueba de que aquello no había
sido un sueño. Entonces Bernadette se percato de que ya no escuchaba el sonido
de las gotas de lluvia rompiéndose contra el sueño, cuando asomo la cabeza se
dio cuenta que el cielo estaba completamente despejado como si aquella lluvia
solo hubiera sido un pretexto para que ella se adentrara en la cueva.
Fue obra del destino. Decidió Bernadette
y así se fue feliz a casa con semilla en mano ilusionada con la idea de por fin
tener a su tan anhelada hija.
En cuanto llegó a casa planto la semilla
y aunque al principio no paso nada pronto pudo ver como el tallo de una flor
con un capullo en la cima de este.
De alguna u otra manera el rumor de que
Bernadette había visto a “Una mujer que le otorgo una semilla mágica” se
expandió de la noche a la mañana. Pronto todo el pueblo la evitaba o al
contrario la buscaba para poder burlarse ella, pero ni siquiera esas burlas
pudo evitar que Bernadette volviera a la cueva cuando se hubieron cumplido los
tres días.
Llego a aquella cueva segura de que
encontraría a aquella mujer, y en efecto, minutos después de la llegada de
Bernadette la mujer hizo acto de presencia. Entre sus manos cargaba una jarra
que contenía lo que Bernadette intuía, era el agua bendita.
La mujer en silencio se acerco a
Bernadette, ella a su vez coloco la maceta donde se encontraba la planta, la
mujer prosiguió a echarle solo un poco de agua bendita. Y así como rápido
apareció se fue, no sin ante decir.
-
No olvides volver dentro de tres días, después de regarla tendrás a tu hija.
Cuando Bernadette salía de la cueva se
encontró a dos mujeres que la miraban entre asustadas pero emocionadas, una de
ellas se le acerco y le tomo una mano y emocionada le comento.
-
Lo hemos visto todo.
Bernadette no supo cómo responder a eso,
por lo que conmocionada se alejó de aquellas mujeres, mientras escuchaba como
la llamaban ella siguió andando sin mirar atrás.
Cuando llego a su casa acomodo la maceta
frente a ella y durante horas se la paso observándola imaginando como sería su
hija.
Tres días después Bernadette junto a la señora
fueron a la cueva, cuando llegó la mujer ya se encontraba esperando a
Bernadette con la misma jarra llena de agua, nuevamente rego la flor y
desapareció y ella volvió a casa.
Luego de unas horas el capullo comenzó a
abrirse, ante esto Bernadette no podía hacer mas que pasearse por el cuarto a
la espera de la que sería su hija. Minutos después el capullo paso a ser una
preciosa flor y en el medio de ella se encontraba una niña tan pequeña como una
almendra así que decidió llamarla Almendrita.
Los días siguientes fueron los mejores de
su vida, con la cascara de una nuez le hizo una cuna y la tapaba con una hoja.
Lo que mas disfrutaba hacer era navegar en una jarra llena de agua encima de
una hoja y así continuaron los días, hasta que una fatídica noche Almendrita
desapareció.
Durante horas la busco, pero nunca la
encontró. Con el corazón destrozado corrió hacia la cueva en busca de la mujer
para que la ayudara a encontrarla o si ya no quedaba otra opción le diera otra
semilla; pero no la encontró.
Por más que grito su nombre la mujer no
apareció, pero lo que si encontró fue una flor al final de la cueva, ilusionada
corrió hacia ella, pero al cercarse se percato que era una simple flor, aunque
realmente bella.
Fueron días, semanas e incluso años en
los que Bernadette fue a aquella cueva; pero siempre en vano, pues aquella
mujer jamás volvió a aparecer. Bernadette no tuvo más remedio que aceptar que
su hija había desaparecido para no volver jamás, lo único que tenía de consuelo
era la flor que estuvo junto a ella hasta el último aliento de Bernadette.

La historia es muy interesante, tiene una buena trama
ResponderEliminarInteresante manera de enlazar las dos historias y un final y inesperado pero adecuado.
ResponderEliminarSin duda alguna esto es entretenido, buen trabajo al redactar de esa manera.
ResponderEliminarMe gusto mucho como uniste las historias en una situacion simple. Realmente me gusto mucho
ResponderEliminarMe encantó, Me gustó muy buena historia, tu imaginación woow muy bueno jsj
ResponderEliminarEres una escritora, me gusto muuucho :)
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